Se acaba el año.

Última entrada el año y toca, como siempre, hacer balance y pensar en el futuro.

En lo personal ha sido un año complicado y por ello estoy deseando que termine. Las pérdidas, en muchos sentidos, han sido la tónica general. Algunas podrían tener remedio, pero no merece la pena ilusionarse con ello porque eso no va a pasar.  Uno no puede rebobinar y actuar de forma distinta y, cuando todo ha pasado, no queda otra que apechugar e intentar pasar página como ves que hacen los demás.

No  existen manuales de vida, aprendemos a base de errores.

Otras pérdidas son definitivas, y esas siempre estarán ahí y dolerán incluso más, pero, aunque cuesta hacerse a la idea, algo en tu interior pone un punto final. No hay vuelta atrás y tu mente lo sabe.

Pero no estamos aquí para hablar de mi vida, sino de trabajo, de lo que ha dado de sí este 2018 y lo que espero para el año que viene. Perdonadme el lapsus.

La paradoja de una fuerza irresistible, segunda parte de la saga Sangre y cenizas, fue la única publicación del año. Es, como toda mi producción paranormal, autopublicada, y estuvo disponible para vosotros a partir del 18 de septiembre. Por el momento, solo en digital. Cada vez me da más pereza maquetar los libros para tenerlos en papel, conforme pasa el tiempo te das cuenta de que casi nadie los quiere y es un gran esfuerzo (para alguien que no tiene soltura ni puede contratar a un profesional y que quiere que salga bien) que apenas ve recompensa. Pero la idea es llegar a ello, es uno de mis propósitos para 2019, por lo menos en plan egoísta, para verlo con los demás libros en mi biblioteca.

Como podéis imaginar, otra idea para el 2019 es maquetar los dos últimos libros de la saga Amor y sangre en formato físico. Lo he ido dejando y dejando… Y tengo que revisarlos y ponerme con ellos ya. Empieza a ser urgente que termine todo lo que he dejado a medias, no me gusta ir aparcando trabajos. Aunque, para esta saga, tengo una idea en la recámara que pasa por darles una buena revisión y hacer una segunda edición de todos ellos. Pero eso es ambicioso y tengo que ser consciente de que mi tiempo es limitado. Otra cosa más para el año que viene.

En estos momentos, finales de diciembre, la historia de Audric va camino del final. Aún le queda, pero la novela está enfilada. Me gustaría acabarla con el año, pero cada vez quedan menos días y con las Navidades a la vuelta de la esquina va a ser complicado. Para ser realista tendré que decir que acabaré el manuscrito en enero, otra cosa sería mentirme a mi misma.

Y he dejado para lo último un proyecto que me hace mucha ilusión porque me saca de la zona de confort. No sé cómo acabará todo esto, pero, a la par que escribo, estoy documentándome (quiero hacerlo bien).

Y ahora, el bombazo. Al menos para mí:

Voy a escribir una novela histórica.

Cada vez que lo digo me tiemblan las piernas porque es un gran reto, uno que asumo que no sé cómo va a salir, aunque intento convencerme de que si no queda como quiero no pasará nada. Se quedará guardado en algún cajón. Aun no sé quiénes serán sus personajes, ni tengo clara (del todo) la historia, más que nada porque no he querido sentarme a valorar propuestas, antes he de terminar con el borrador de Audric. Un paso tras otro. El caso es que todavía está tomando forma y no puedo contaros mucho más.

Se avecina un año de mucho trabajo, un camino largo y solitario, lo veo venir. Espero, si no llegar a todo, al menos cumplir una buena parte.

Sigamos caminando.

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Photo by Dan Gribbin on Unsplash

Y no me olvido. ¡Feliz Navidad y 2019!

 

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