Escribir es reescribir

Cuando empecé a poner mis historias en palabras, literalmente vomitaba todo lo que me rondaba por la cabeza. Era una mezcla entre sacar lo que tenía dentro (que de alguna forma estaba esquematizado en mi interior) y una escritura automática que ni sabía que existía. Y me sorprendía al leerlo después porque había cosas que nunca imaginé que podían estar dentro de mi. A la pregunta (bastante habitual) de quienes me conocían antes como persona que como escritora de cómo era posible que yo escribiera eso, solo podía responder: «No lo sé». Yo era la primera sorprendida.

¿De dónde sale la historia de Dante? No lo sé. ¿Y el poder de Jean Jacques y todas sus incursiones mentales? Ni idea. ¿Y la capacidad de Judith para «leer» un libro que aún no se ha escrito? [Insértese un emoticono con cara de no saber y los hombros encogidos]. Todo eso, y mucho más, fue saliendo sobre la marcha y hoy todavía me sorprendo de que el que resultado final de ese mi primer proyecto tenga equilibrio, que no haya flecos y que quede cerrado.  La realidad es que todo estaba aquí dentro (con el dedo índice me estoy dando golpecitos en la sien) y yo no lo sabía.

Pero hace unos días empecé a leerme pensando en reeditar y mejorar esas mis primeras incursiones en el mundo literario (parece ser que CreateSpace, la empresa filial de Amazon donde publiqué mis tres primeras novelas de la saga en papel va a traspasar todos sus títulos y he pensado que podía ser un buen momento para revisarlas y subirlas de nuevo) y, mirando con mis ojos de hoy, me he dado cuenta de que aún queda mucho por hacer, que el trabajo de reescritura que hice en su momento no fue suficiente (la falta de experiencia, las prisas que nunca son buenas…), y que se les puede sacar mucho más partido porque ahora que he tomado distancia (son ya cuatro años), detecto mejor sus carencias.

Supongo que evolucionar como escritora, hoy me hace pensar un poco más antes de poner mis historias sobre el papel y soy más cauta y comedida (y organizada), pero también soy más consciente de la importancia del trabajo que hay que realizar después de poner fin a un manuscrito.

Reescribir. Tan importante como llegar hasta el final de tu historia.

Algo que muchas veces se repite, pero que los que somos nuevos en este mundo solemos no hacer caso, es que escribir es una carrera de fondo, que no hay que tener prisas, que el resultado final será mucho mejor cuando hayamos realizado una profunda reflexión sobre él. Pero claro, tener un manuscrito terminado nos quema los dedos y tardamos poco en mandarlo a editoriales o en autopublicarlo, tras una, más o menos, exhaustiva corrección. Pero no solo hay que revisar las comas o mirar si todas las tildes están en su sitio, no, hay que conseguir que el lector viva «el sueño de la ficción» (esas palabras tan bonitas no son mías sino de John Gardner), y que no tenga obstáculos que le aparten de él. Y con esto no me refiero a que la trama esté coja, que haya secundarios más atractivos que los propios protagonistas o que queden cosas sin explicar. Eso ya sería grave. A veces lo que «desconecta» a un lector o le hace leer en diagonal es un exceso o falta de información; párrafos que no dicen nada o reiteran lo anterior; palabras que no expresan a la perfección, por su significado, lo que queremos decir; florituras para lucir nuestra prosa; enfatizar bien determinada idea para que no pase desapercibida; mucha paja que no aporta nada… Y salvo que trabajemos con profesionales no vamos a poder detectarlo hasta que seamos capaces de leer sin empatizar con el texto. Somos noveles, no tenemos una formación específica y aprendemos a base de ensayo y error, pero como escritores que algún día pretendemos ser tenemos la obligación de esforzarnos por ir puliendo nuestra voz.

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Photo by Genevieve Dallaire on Unsplash

La escritura (no me atrevo a decir el arte de escribir, no en mi caso) es reflexión y trabajo e inevitablemente lleva su tiempo. Es un camino largo y hay que pasear más que correr.

Por todo eso, y aunque me lo tome con calma, mucha calma, voy a ir revisando una a una todas las novelas de Amor y sangre. Quiero, porque es mi primer trabajo y le tengo un cariño enorme, mimarlas un poco más ahora que tengo más medios y que soy un poco más vieja en esto. Con los ebook será fácil, cuando suba las reediciones, quienes lo compraron en su día solo tendrán que actualizarlo si desean volverlo a leer. No les costará ni un euro, solo entrar a su cuenta de Amazon y actualizar la descarga desde la gestión de dispositivos. Ya iré avisando. La edición en papel será diferente, me gustaría darles una lavada de cara importante y eso tengo que pensarlo mejor.

Seguiré informando.

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