¿Mapa o brújula? Caos.

Caos ordenado, pero caos.

No me considero un autor mapa para nada, pero tampoco brújula en su totalidad. Diría que intento ser una combinación entre ambos, al menos eso creo y en ello estoy. Ser mapa me tienta, debe de ser reconfortante tener claro hasta el último detalle antes de empezar, pero mi corazón gana en su carrera con la sensatez y marcándose un «porque yo lo valgo» tuerce en las bifurcaciones del camino trazado o se para en áreas de descanso que no estaban previstas.

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Photo by Himesh Kumar Behera on Unsplash

Es decir, cuando empiezo a escribir tengo un plan, pero casi puedo estar segura de que no saldrá según imaginé. En algún momento se despertará algo que trastocará una parte de mis buenas intenciones. Lo sé. Aunque jamás esa estrategia ha sido tan ninguneada como con el proyecto  en el que ahora mismo estoy trabajando.

Tengo un corcho grande colgado en la pared a la derecha de la pantalla de mi ordenador y ahora mismo está lleno de pequeños papeles, pósits de color estridente, un par de servilletas de bar, hojas de libreta y folios escritos por ambas caras. Es un caos, lo sé, pero es MI PLAN, aunque no sé si me servirá de algo porque, a pesar de estar muy al principio de este trabajo, ya me estoy desmarcando. De momento son pequeñas cosas, nada importante; quién sabe cómo acabará.

Empecé a escribir por el prólogo, como casi siempre, pero al releerlo me pareció excesivo —no imagináis lo complicado que resulta escribir la tercera parte de una saga y enlazar las historias explicando sutilmente lo que ha pasado en otras entregas para que todo se entienda, pero sin caer en la tentación de destripar demasiado por si algún lector llega a esta novela sin haber pasado por las anteriores— y lo relegué (en mi archivo aparece como «texto para revisar». Volví a comenzar tijeras en mano y fui adaptando párrafos de esa parte escrita a un nuevo inicio, pero de repente encontré documentación de una localización de exteriores y di un salto para llegar a esa parte y ahora tengo parte del centro del libro medio escrito. Un día me desperté con una idea para modificar el final y en vez de ir a mi corcho y rectificar o apuntar la idea en un nuevo pósit decidí hacer una escaleta (en realidad ha sido más que un esquema) de los últimos cinco capítulos. Y ahora mismo estoy otra vez en el inicio, en una intensa conversación que dejé a medias entre padre e hijo…

Me pregunto si he evolucionado en esto de las técnicas de escritura o si estoy caminando hacía atrás. ¿Saldrá algo bueno de todo esto? Desde luego de lo que sí estoy segura es de que va a llevar un gran trabajo de edición final. Me temo que una vez terminado habrá que cortar, sin que me tiemble el pulso, pegar y ensamblar. Esto va para largo.

Audric, Audric… cuánto más te conozco más me interesa tu historia. Radamés eres increíble, pero deja ya de querer ser protagonista, ya llegará tu oportunidad.

En fin, en el reproductor suena bajito 1979 de los Smashing Pumkies, cerraré los ojos y me dejaré llevar. Si el corazón se empeña en tomar las riendas no se lo voy a impedir. No sé como lo hace, pero siempre gana.

 

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